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Página personal de Alfredo Barragán

Diversos

Dos corazones que se estremecen

Dos corazones que se estremecen, unas manos que se tocan, trémulas caricias, un relampago que salta, un suspiro que sella el anhelante deseo, un cuerpo de mujer que en su actitud de entrega se parece al mundo: Blancas colinas, Muslos blancos, que dijera el poéta. Un tropel de besos recorren su cuerpo, unas manos que exploran reconditos paisajes, unas lenguas que se entrelazan , una respiración que se acompasa en un único aliento, un tiempo que se detiene, una voz que es caricia, un jadeo que es ritmo. Pechos enhiestos, aureolas henchidas de blancos deseos que unos labios humedecen y abren como rosas, una carne que se revela nívea y sin embargo cálida, un vientre que albergó vidas y donde ahora habita el deseo, blancos muslos de seda que conducen irrefrenables hacia la intimidad húmeda de tu ser. Un pubis entre cuyos suaves vellos se pierden mis dedos, una secreta flor de pétalos entreabiertos que rezume brillantes gotas del rocío femenino, una fuente de venus dispuesta ya a dar cobijo al pináculo latiente del placer. Pero no, deseamos prolongar estos preambulos, que eternamente sea preambulo, que podamos permanecer así, que el tiempo se detenga, que no tengamos un mañana, que el presente nos acoja , que nos mantenga en este sostenido placer, “que esta noche no acabe jamás”... Revivo tu jugosa boca, los besos interminables, la paciencia de tu lengua por mis pezones, el recorrido de los tuyos por mi cuerpo, el musgo de tu pubis sobre mí, las caricias de tus hábiles manos, y la silenciosa complicidad de una luna compañera. Nos abrazamos, nos entrelazamos el uno con el otro, nuestras manos ya no se detienen, palpan y acarician se asientan sobre dos colinas de placer que resguardan el carnoso y aureo orificio de tu sexo, del nuestro, ahora es mi boca la que no se resiste a morder y comer de su delicioso contenido, mi lengua penetra húmeda y caliente, como una culebra roja, hasta el último de sus rincones, te revuelves y son perceptibles clitoridianos temblores, tu rocío me inunda, me alimenta y apaga mi sed, mis dedos siguen acariciando esas orillas, te penetran , se ansian a sus amplios replieges, a esa geografía secreta que hoy estoy explorando con fruición de novicio y a veces de inexperto ceremoniante, pero con delirios de pionero. El hambriento orificio me reclama , ya no nos es posible esperar más, sentimos la necesidad de fundirnos, de confundirnos el uno en el otro, el preparado pasadizo va acogiendo, acariciando, mimando , recubriendo de un guante de saten el henchido glandes que cual cereza madura se presta a una ya pronta eclosión, un mar de espumas pugna por rebosarte y saciar ya, los incontenibles y refrenados paroxismos del placer. Jadeos, besos, susurros, lamentos, y un horizontes de grillos que es roto por el uular de una nocturna ave nos hacen de corifeo y .... el silencio más profundo, que solo el arrullo de la brisa nocturna se atreve a profanar. Soledad acompañada, así nos descubre el amanecer.l deseo, blancos muslos de seda que conducen irrefrenables hacia la intimidad húmeda de tu ser. Un pubis entre cuyos suaves vellos se pierden mis dedos, una secreta flor de pétalos entreabiertos que rezume brillantes gotas del rocío femenino, una fuente de venus dispuesta ya a dar cobijo al pináculo latiente del placer. Pero no, deseamos prolongar estos preambulos, que eternamente sea preambulo, que podamos permanecer así, que el tiempo se detenga, que no tengamos un mañana, que el presente nos acoja , que nos mantenga en este sostenido placer, “que esta noche no acabe jamás”... Revivo tu jugosa boca, los besos interminables, la paciencia de tu lengua por mis pezones, el recorrido de los tuyos por mi cuerpo, el musgo de tu pubis sobre mí, las caricias de tus hábiles manos, y la silenciosa complicidad de una luna compañera. Nos abrazamos, nos entrelazamos el uno con el otro, nuestras manos ya no se detienen, palpan y acarician se asientan sobre dos colinas de placer que resguardan el carnoso y aureo orificio de tu sexo, del nuestro, ahora es mi boca la que no se resiste a morder y comer de su delicioso contenido, mi lengua penetra húmeda y caliente, como una culebra roja, hasta el último de sus rincones, te revuelves y son perceptibles clitoridianos temblores, tu rocío me inunda, me alimenta y apaga mi sed, mis dedos siguen acariciando esas orillas, te penetran , se ansian a sus amplios replieges, a esa geografía secreta que hoy estoy explorando con fruición de novicio y a veces de inexperto ceremoniante, pero con delirios de pionero. El hambriento orificio me reclama , ya no nos es posible esperar más, sentimos la necesidad de fundirnos, de confundirnos el uno en el otro, el preparado pasadizo va acogiendo, acariciando, mimando , recubriendo de un guante de saten el henchido glandes que cual cereza madura se presta a una ya pronta eclosión, un mar de espumas pugna por rebosarte y saciar ya, los incontenibles y refrenados paroxismos del placer. Jadeos, besos, susurros, lamentos, y un horizontes de grillos que es roto por el uular de una nocturna ave nos hacen de corifeo y .... el silencio más profundo, que solo el arrullo de la brisa nocturna se atreve a profanar. Soledad acompañada, así nos descubre el amanecer.

UNA DOÑANA BIFRONTE

Desde esta otra orilla Doñana, o la “otra banda”, como tradicionalmente siempre se le ha llamado aquí, ha sido y lo es algo más que un espacio, que un paisaje, que el horizonte que ha acompañado nuestra visión del mar y del río; para convertirse en un símbolo, en un elemento esencial de nuestras consciencias personal y colectiva.

Doñana significó lo acotado, lo prohibido, los territorios del Duque y de los señores (o del ICONA,...), que si acaso, durante el Rocío nos eran permitido atravesar -¿otra significación más para esta Romería?-. Pero Doñana era también donde se transgredía, donde se burlaba a la autoridad y al poder, donde el furtivismo llegó a ser una forma de vivir (socialmente hasta bastante valorada por la comunidad).

Al mismo tiempo, Doñana se nos ha presentado como el territorio virgen, como el espacio inexplorado, como el paradigma de la libertad y el paraíso. Como el lugar, y eso es todo un privilegio de los habitantes de aquí, donde podíamos situar físicamente nuestros sueños o, el escenario real donde se podían desarrollar las escenas de los cuentos y aventuras infantiles.

Esa dualidad en nuestra relación con Doñana explicaría nuestra peculiar historia de amor-odio con ese espacio. En nuestra historia reciente, a Doñana, o se le ha achacado las culpas de todos nuestros males, o se le ha exaltado y sublimado hasta lo indecible. Doñana, o ha significado para algunos el verdadero freno al desarrollo: Carretera costera, urbanización de la costa, desarrollos urbanísticos, Hohenlohe,... O por el contrario, le han atribuido el ser el mayor potencial para éste: Puerta de Doñana, desarrollo sostenible, imagen de calidad, referente para un turismo cultural,...

Lo cierto es, que a ningún sanluqueño nos ha dejado indiferente.

Alfredo Barragán Díaz
(Ha sido en diversas ocasiones, representante del Ayuntamiento de Sanlúcar en el Patronato del Parque Nacional o en la Junta Rectora del P. Natural)

AMANECE ENTRE DUNAS

Los primeros albores llegan pronto en esta época. Una tenue claridad blancoazulada se va abriendo camino sobre un mar próximo, que se adivina por su rumor. Primeros gorjeos de los pájaros más madrugadores, quizás alguna urraca o algún rabilargo.
Desde el inmejorable oteadero de la duna van tomando formas las copas, a modo de verde mar, de los primeros corrales de pinos. Algunos jirones de la niebla matinal se baten en retirada. Con la luz ya reinante no es posible comprobar quienes han sido nuestros silenciosos y nocturnos compañeros; sus huellas y señales sobre las frescas arenas lo delatan: Algunos insectos, algún lirón, y más allá las inconfundibles de algún zorro merodeador.
Al unísono con los primeros rayos que se levantan de un mar ya tornasolado, un concierto de cantos nos acompañan. La naturaleza ha despertado.

Las primeras rapaces levantan su vuelo y comienzan sobre los cielos de un azul impávido sus eternos círculos avisores. Ahora ya es distinguible en toda su inmensidad la sucesión de arenales y bosquetes, de desiertos y de oasis, aunque sean pinos y no de palmerales quienes lo forman.

Es buen momento para la ensoñación, a pesar de que el sueño de la noche aún no hace mucho que nos abandonó. Para ver y sentir en esta soledad tan compañera que Doñana está viva, que tiene una existencia propia, por encima de su gea y de su flora, y acaso, confundida con los mitos que en estas tierras protohistóricas acontecieron. A esos mitos son a los que tenemos que recurrir para comprenderla , sentirla y amarla en toda su extensión.
Doñana o la Argónida..

Acróstico Doñana

D onde el mar va al río
O es al revés, el río va a la mar.
Ñ a, ñaa, ñaa,... graznidos ininterrumpidos
sobre las Dunas]
A tardeceres sin nombre.
N aturaleza salvaje.
A sí eres tú.

(Sanlúcar, junio 1998)